lunes, 11 de junio de 2012

UN DIABLO VERDE

Os presento aquí a un diablo verde que conocí hace un mes en la ciudad alemana de Bonn. Está realizado en cerámica por Ines Hilger, y me lo regaló después de que diéramos un paseo por el jardín de su casa y fuéramos encontrándonos con diversas máscaras instaladas estratégicamente entre los arbustos. Como esto llamó -sí, poderosamente- mi atención, y le hiciera saber de mi afición por todo lo referente a los rostros -de hecho escribí un largo prólogo, todo un ensayo sobre la máscara, a "El libro de las máscaras de papel plegado", publicado por Alianza Editorial en 1997-, me obsequió con este diablo que en un principio estaba destinado a ser una rana, y que por eso es verde. Ines Hilger es una extraordinaria ceramista autora de piezas con un sello indiscutiblemente propio, como sus jarrones y cuencos, en los que se aprecia una desenvoltura de artista experimentada. Como podéis apreciar, en este caso decidió sobre la marcha convertir a la que iba a ser una rana en un diablo, y el resultado es asombroso. Basta con fijarse en la mirada de esta figura como para descubrir detrás de ella a un auténtico y malvado Mefistófeles.  Si os fijáis, no tiene ni cuernos, ni siquiera le hacen falta para expresar toda su perversidad. Claro que en un principio el diablo no tenía cuernos, esta fue una incorporación posterior procedente el dios germano Wotan, el Odín sajón, adorado como dios de la guerra, rey del país de los muertos, esposo de Frigg y padre de las Valquirias. Sí padecía, en cambio, de cojera desde un principio el demonio, por el golpe que se había dado contra el suelo al ser arrojado del Cielo.




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