Esta palabra no existe en el diccionario de la Real Academia Española, lo que demuestra que en los sueños el lenguaje se estira como un chicle o como un gato que alcanzara presas inimaginables. La palabra la pronunciaba una mujer a la que soy incapaz de identificar, decía que había encontrado la solución al problema de mi ciene, y yo entendí que se refería a algo en mi boca o en mi ojo, no estaba claro. En todo caso, yo le respondía pensando en mi ojo en el sentido de que se encontraba bien. La conversación se desarrollaba de pie, mientras caminábamos, y después de que se me hubieran desprendido algunas piezas de mi nuevo reloj y de que no hubiera tenido tiempo de recuperarlas por encontrarme todo el tiempo con gente amable, mucha de ella conocida, que quería hablar conmigo.
Escribo este sueño antes de que se me olvide, y lo comparto con mis amables lectores, también, de casi todos los países del mundo.












