A veces los libros se desencuadernan porque quieren volar. Se desarman en hojas en recuerdo del árbol del que nacieron y su único deseo es alzarse en el viento, sacudido ya el yugo que las sujetaba a ese invento prodigioso de la lectura llamado libro. Pero uno los quiere tanto que los amarra con cuerdas para impedir el vuelo de las hojas, su libertad...
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