De las ciudades queda a veces su nombre impreso en una taza o en una camiseta, y algunas imágenes de colores flotando en la cámara oscura del cerebro.
Con el tiempo, las camisetas acaban en el contenedor de ropa usada, y las tazas rotas mordiendo su boca el polvo de la tierra de los tiestos. Esta de Chicago aún comparte mesa y mantel con los más vivos recuerdos.

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