lunes, 28 de julio de 2014

LA PATRIA, EN EL CENTENARIO DEL INICIO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Hoy, 28 de julio de 2014, comenzó hace cien años la I Guerra Mundial, también conocida como la Gran Guerra. Como reflexión sobre esta espeluznante matanza a gran escala de personas, reproduzco a continuación un fragmento de la novela autobiográfica El miedo, del escritor francés Gabriel Chevallier, en que el protagonista principal, Dartemont, conversa sobre la patria con la enfermera que le atiende en el hospital donde se repone de las heridas recibidas en la batalla de Artois. 



La señorita Bergniol se inclina, con aire serio, a mi lado.

-Dartemont, he estado pensando desde ayer, y mucho me temo haberle ofendido…

-No se disculpe, señorita. También yo he reflexionado que no hubiera tenido que hablarle de ese modo. Me doy cuenta de que la vanguardia y la retaguardia no pueden entenderse.

-Por otra parte, no pensará usted en serio lo que dijo, ¿verdad?

-Lo pienso absolutamente, y son muchos los que piensan como yo.

-Pero existe el sentido del deber, se lo enseñaron.

-Me han enseñado muchas cosas, como a usted, entre las que me doy cuenta que hay que elegir. La guerra no es más que un monstruoso absurdo, del que no cabe esperar ni mejora ni grandeza.

-¡Dartemont, la Patria!

-¿La Patria? Una palabra más que usted, a distancia, rodeada de un cierto halo de ideal. ¿Quiere reflexionar sobre lo que es la patria? Pues ni más ni menos que una junta de accionistas, una forma de la propiedad, espíritu burgués y vanidad. Piense en el número de individuos que se niega usted a frecuentar en su patria, y verá que los vínculos son muy convencionales…Le aseguro que ninguno de los hombres que he visto caer a mi alrededor murió pensando en la patria, con “la satisfacción del deber cumplido”. Y creo que muy pocos han ido a la guerra con la idea del sacrificio, como hubieran tenido que hacerlo unos verdaderos patriotas.

miércoles, 2 de julio de 2014

CONVENCIÓN DE ORIGAMI DE MENNORODE, ELSPEET, PAÍSES BAJOS

Del 11 al 13 del pasado mes de abril se celebró en Mennorode, Elspeet, en los Países Bajos, la Convención anual neerlandesa de origami, a la que asistí. De entre todos los participantes fui el único español, siendo notable también la ausencia de italianos y franceses. Por el contrario había un griego, Dimitris Dalas, con quien aparezco en una de las fotos que ofrezco a continuación: Dimitris es la viva encarnación, él solo, del origami en Grecia, constituyendo hoy por hoy la semilla a partir de la que se desarrollarán, sin duda, los futuros grupos de practicantes y la Asociación que los integre en el país heleno. De él es el libro cuya cubierta reproduzco.
Otra curiosidad notable de esta Convención fue que, al contrario de lo que ocurre en las de otros países, la inmensa mayoría de los inscritos eran mujeres. Y es que de los 140 participantes, aproximadamente 130 pertenecían al género femenino y 10 al masculino. También había 2 escoceses con sus faldas tradicionales que aportaban una nota a mi modo de ver bastante pintoresca al conjunto.
He de decir que la organización de esta Reunión fue impecable, con talleres rigurosamente controlados en cuanto a tiempos y número de asistentes; el lugar de la celebración, en medio de un bosque, era de lo más apropiado para la concentración y el descanso; y el horario de las comidas, tan tempranero, como debería de ser en el resto de los países de Europa, España incluida, muy conveniente para el aprovechamiento del tiempo.
Entre las diferencias con otras Convenciones destaco la de que en ésta no hubo foto de Grupo, lo que me sorprendió, como me llamó también la atención el hecho de que todos los plegadores se regalaran unos a otros pequeñas figuras que llevaban preparadas y que todos prendían donde podían, como en la mochila de la foto que muestro de una mujer.
Me gustó la Convención porque vi cómo la gente gozaba plegando figuras, cada cual a la altura de sus posibilidades, buscando siempre el placer y no el tormento de enfrentarse a modelos imposibles, más imposibles aún en el reto de lograrlos -como he observado en otras ocasiones en otros lugares- en el estrecho margen de una clase, con la presión del grupo de compañeros y contra el crono.
El resto de las fotos que muestro, fuera de la Convención, corresponden a Amsterdam, a Haarlem, a los maravillosos campos de tulipanes en las cercanías de esta ciudad, y al frío mar del Norte.