jueves, 21 de junio de 2012

PLAYA DE ORIGAMI-1

Hoy, a las 01:10 horas, con la Luna en fase creciente y el Sol en el signo de Cáncer, hemos alcanzado el solsticio de verano. Mucha gente, para celebrarlo, se reúne en torno a los atardeceres más maravillosos que encuentra allá donde está en ese momento, ya sean lugares cargados de magia y misterio, como Stonehenge, en Gran Bretaña, o el Cerro del Tío Pío en Vallecas, Madrid, conocido popularmente como "Las Tetas del Tío Pío", unos montículos desde los que se ve una espléndida puesta de sol sobre Madrid digno de un cuadro de Antonio López. A este lugar suelo ir yo, pues me queda más cerca, y aunque su denominación sea aparentemente más prosaica que la de uno de esos enclaves míticos encumbrados por resonancias célticas o sobrenaturales, os aseguro que en lo alto de una de esas "tetas", con una copa de cava en la mano y algunos amigos al lado, puede uno sentirse, mientras contempla la majestuosidad de la luz ardiente disolviéndose en larguísimos y prolongados tonos rojos sobre el horizonte, tan abrigado espiritualmente como en el interior de la pirámide de Keops.
Para saludar al verano, para darle la bienvenida con el ruego de que su canícula no se ensañe en exceso con nuestras vidas, reproduzco a continuación la imagen de otro de los bodegones de origami que en su momento realicé para Tiendas Telefónica. Lo he llamado "Playa de origami-1" para distinguirlo de la "Playa de origami-2", que colgaré más adelante. Esta primera playa podría representar, a su manera, una playa española, por ejemplo la de Torrevieja. Espero que os guste.



domingo, 17 de junio de 2012

LA CARA DE VIEJO

Lo de las caras, los rostros, merece la pena conversarse un poco. Hay quien fabrica máscaras en madera o en papel maché. En mi caso, las hago de origami, en papel plegado. Somos personas especialmente atentas a la expresividad de la mirada, de la sonrisa, o a la falta de ellas. Pero la afición a ver caras, rostros, máscaras, en cualquier parte, es universal. Aquí, debajo, inserto la foto de "la cara de viejo", un bloque enorme de granito donde la imaginación de la gente ha querido ver desde que yo recuerdo la cara de un viejo. Se aprecian con nitidez el ojo y la nariz, y se ve también, coincidiendo justamente con los arbustos, la oscura línea de la boca. Una boca en la que de vez en cuando alguien coloca piedras a modo de dientes. Esta enorme máscara de piedra esculpida por la Naturaleza se encuentra en uno de los mejores paisajes graníticos de la Península Ibérica. Espero que os guste.  


lunes, 11 de junio de 2012

UN DIABLO VERDE

Os presento aquí a un diablo verde que conocí hace un mes en la ciudad alemana de Bonn. Está realizado en cerámica por Ines Hilger, y me lo regaló después de que diéramos un paseo por el jardín de su casa y fuéramos encontrándonos con diversas máscaras instaladas estratégicamente entre los arbustos. Como esto llamó -sí, poderosamente- mi atención, y le hiciera saber de mi afición por todo lo referente a los rostros -de hecho escribí un largo prólogo, todo un ensayo sobre la máscara, a "El libro de las máscaras de papel plegado", publicado por Alianza Editorial en 1997-, me obsequió con este diablo que en un principio estaba destinado a ser una rana, y que por eso es verde. Ines Hilger es una extraordinaria ceramista autora de piezas con un sello indiscutiblemente propio, como sus jarrones y cuencos, en los que se aprecia una desenvoltura de artista experimentada. Como podéis apreciar, en este caso decidió sobre la marcha convertir a la que iba a ser una rana en un diablo, y el resultado es asombroso. Basta con fijarse en la mirada de esta figura como para descubrir detrás de ella a un auténtico y malvado Mefistófeles.  Si os fijáis, no tiene ni cuernos, ni siquiera le hacen falta para expresar toda su perversidad. Claro que en un principio el diablo no tenía cuernos, esta fue una incorporación posterior procedente el dios germano Wotan, el Odín sajón, adorado como dios de la guerra, rey del país de los muertos, esposo de Frigg y padre de las Valquirias. Sí padecía, en cambio, de cojera desde un principio el demonio, por el golpe que se había dado contra el suelo al ser arrojado del Cielo.