jueves, 18 de diciembre de 2014

EL REGRESO DE "EL MONO DE LA MANO EN EL PECHO"

Esta mañana hablé con Esperanza de la ternura. Esperanza y yo no nos conocíamos personalmente, aunque sabía de mis actividades literarias, pero esta mañana descubrió mi otra faceta artística, la del origami. Le mostré algunas composiciones mías, como el cuadro de "El mono de la mano en el pecho" y la miniatura de la "Casa submarina", una alegoría de la soledad de la vida, sobre la que me inventé una posible historia. No estábamos en el mejor lugar para hablar de todo esto, pues habría sido mejor hacerlo en un entorno más adecuado, con los cuadros delante y la iluminación apropiada y a otra hora más mágica, pero con todo fue muy agradable comentar con ella y con Miguel, un pintor excelente, estas escenas de papel salidas de la nada donde de pronto, en medio de la inquietud que trato de provocar a propósito con algunas ideas "duras" surge, según ella, el rayo de la ternura. Y he caído en la cuenta de que me ocurre algo parecido en algunos de mis relatos, pues después de planificar, por ejemplo, el asesinato de un personaje malvado, ocurre que finalmente se salva, pues en lugar de salir una bala de la pistola ya preparada al efecto lo que sale en la realidad de la ficción es un destello de ternura.
Gracias a esta conversación recordé una vieja foto en la que aparezco a la puerta de un circo sosteniendo a un chimpancé en los brazos, y en su tierna cara puede reconocerse de alguna manera, en mi opinión, ahora que pienso en todo esto, al que tantos años después plegué en papel, al de la mano en el pecho, que reproduzco de nuevo a continuación, pues ya lo colgué hace tiempo en otra entrada del blog. Podéis darme vuestra opinión si queréis. Quizá el del circo sea más jovencito que el de papel, quizá éste sea el mismo que el otro en un momento diferente de la vida.