viernes, 18 de marzo de 2016

PENSAMIENTOS SUELTOS (O NO TANTO)

Este es un cuadro de pensamientos, y no puede ser mejor ni más completo pues se encuentra en el Jardín Botánico de Madrid.
En el lenguaje de las flores los pensamientos tienen diversos significados que se resumen en uno solo: Sólo pienso en ti.

En el lenguaje de las flores, el pensamiento significa: "no me olvides".

>Pensamiento multicolor: piensa en mí como yo lo hago en ti.
>Pensamiento blanco:
amor que comienza, te respeto.
>Pensamiento azul: confío en tu amor.
>Pensamiento amarillo: deseo lleno de poesía.
>Pensamiento malva: nostalgia del amor perdido.
>Pensamiento negro: tristeza por el amor sin esperanza.
>Pensamiento naranja: deseo físico intenso.
>Pensamiento rosa: yo te soy fiel.
>Pensamiento rojo: te amo ardientemente.

 
 


En la siguiente imagen, podéis ver una fuente, también en el Real Jardín Botánico. Bebiendo de su chorro del agua distinguiréis, si os fijáis bien, un pájaro, sí, ya lo habéis visto, se trata de un mirlo negro de pico amarillo. Estos mirlos son ciertamente traidores del amor, por ello fueron desterrados de las orillas del Ganges, ya que un mirlo indiscreto causó un cruel malentendido entre la princesa e Babilonia y Amazán, príncipe de los gangáridas, a quien informó erróneamente de la infidelidad de aquélla con el rey de Egipto. Es decir que el mirlo fue enviado por Amazán como espía pero no se enteró de lo que vio, pues puede verdaderamente decirse que éste fue el caso prototípico de "No es lo que parece". Así lo cuenta Voltaire en su maravilloso cuento "La princesa de Babilonia".  Quizá por eso es fácil encontrar mirlos cerca de los pensamientos en el Real Jardín  Botánico: para ponerse cerca de ellos y traicionarlos mejor, como se diría en el cuento de Caperucita Roja.
 
 
El pájaro que muestro a continuación es muy diferente, pues se trata de un inocente gorrión, un sparrow en inglés, como el simpático capitán que protagoniza las historias de los piratas del Caribe.
Cuando digo inocente no quiero decir tonto, porque él sabía muy bien que por mucho que se acercara a la mesa, incluso a la cestilla del pan, no le iba a pasar nada de nada, tanto es así que pudo comerse todo el pan sobrante sin riesgo de su vida, aunque hay que decir que su prudencia le aconsejó llevarse el botín lejos de la mesa. 



El hilo de los pensamientos me lleva ahora a mostrar una taza rota por el asa, que se quebró simplemente al cogerla, lo que indica la fragilidad de las cosas y el paso del tiempo. Fue una pena, pero ante algo así no se puede hacer nada, sólo mostrarnos humildes, pues no hemos provocado deliberadamente su rotura, por eso mismo debemos estar tranquilos, sabemos que no hemos ido en contra de la Naturaleza, que no hemos aplastado rabiosamente el objeto contra el suelo, que el Destino se ha cumplido suavemente...
 

También el Destino se cumplió, si bien no tan suavemente como en el caso anterior, en el del tiesto cuyos restos muestro a continuación, pues impulsado por el viento en uno de los últimos vendavales que atravesó Madrid se precipitó sobre la acera tan sólo un par de metros por delante de mí cuando circulaba por ella bajo del edificio de hoteles desde los que se desplomó desde una altura imposible de determinar. Esto es algo que da que pensar, pues ni el tiesto mostró su voluntad de desplomarse sobre la acera, ni yo decidí que me cayera o no sobre la cabeza. Es decir que no tuve libertad de decidir nada. Todo estaba en manos de la diosa Fortuna, y ésta, afortunadamente, al agarrar el tiesto con sus manos, tuvo la consideración de arrojarla un par de pasos por delante de mí. Gracias.
 
  




Aquí tenéis la acera por la que caminaba cuando cayó el tiesto delante de mis pasos. Pero disculpad que insista en mi reflexión: ¿somos realmente libres de decidir que no nos caiga un tiesto o un trozo de chatarra espacial sobre la cocorota?, ¿somos capaces de evitar que no se nos abra el suelo bajo los pies? (Adjunto agujero abierto en plena calzada en Madrid que fotografié en la calle Segovia, cerca del Madrid de los Austrias? ¡Pero cómo pudo abrirse semejante agujero de repente?















 
 
 
 
 


Y estas últimas fotos para terminar con otra reflexión sobre el Destino. Son imágenes de la instalación en el Palacio de Cristal de Madrid del artista vietnamita Danh Vo. De la estructura de hierro y cristal, especie de gran vitrina, ha colgado un gran número de fósiles de mamut, encapsulando de esta forma la nostalgia de un museo de arqueología y paleontología del siglo XIX, dejando de paso un gran espacio a la interpretación. ¡Quién iba a decirles a estos animales prehistóricos que iban a acabar desafiando al statu quo del arte en esta exploración vanguardista en torno a la idea del museo y su función en el mundo contemporáneo! ¡Que ellos, que tanto pastaron a su anchas por las inconmensurables praderas, iban a acabar siendo pasto de las máquinas fotográficas de los turistas!
 
Y termino por hoy.
 
 




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